Paco Ayala

Lo que se ve y se hace durante el camino

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Nuestro idioma 2.0

Ayer tarde, yendo en dirección a mi castillo por lo del descanso del guerrero, pase por la puerta del bar de mi amigo Liu. Este, sin muchas explicaciones, me suelta: “yo cuento, tu ayudas y cenas aquí”.

Dicho así, conociendo ya el paño de estos chinos, no me atreví a negarme. No tanto por la cena, que aun siendo un bar “normal”, es una china la cocinera y eso, cuanto menos eso resulta inquientante, si no por mi malsana curiosidad que en tantos líos me ha metido.

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Una vez en el bar, insta a que vayamos a la parte trasera que es el almacén, me da una libreta de tamaño A5, un boli y me dice: “yo digo cosa, cuanto y tu apuntas”. Ni tableta, ni calculadora ni nada de nada. Un boli y una libreta.

Antes de que me diera tiempo a ponerme en situación, ya me estaba largando información: ” tomate lata frito cinco kilos tres”. Traducción: tres latas de tomate frito de cinco kilos cada una. Estábamos de inventario. Y sin ningún sistema de inteligencia artificial que me ayudara.

Lo de “tomate lata ……” ocurrió serían algo más de las nueve de la noche. Sobre la una de la madrugada, y unas 8 páginas por las dos caras de la libreta A5, habíamos terminado. Resulta sorprendente la cantidad de cosas que un bar, por pequeño que sea, puede tener en su almacén.

La verdad, es que a esa hora, apetito, lo que se dice apetito, no tenía. Pero un trato es un trato. De forma que me siento con Liu en la mesa que el indica y suelta en un tono forzado, ese que no es ni grito, ni habla normal, una sucesión onomatopéyica que la china parece entender, ya que esta le responde con otra retaíla de igual formato.

Liu ya me ha dicho el nombre de ella las suficientes veces como para que me lo sepa. Pero sigo sin saber pronunciarlo. Y mucho menos escribirlo. ¿Dónde está la app para ayudarme en esta situación?

Un rato después, tras una conversación con Liu en la que intento no ser tan económico en mis expresiones como él, aparece la china con dos platos. Bueno, un plato tamaño familiar y un cuenco.Fideos_chinos_con_setas_y_puerros.jpg

En el cuenco, una montaña de lo que supongo debe ser algún tipo de pasta de color blanco y humeante con algo cortado en trocitos que lo mismo pueden ser setas que suelas de zapato. hasta que no se prueba no se sabe.

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Este termina delante de Liu. En el plato tamaño familiar, dos chuletas, dos huevos fritos, unas cuantos pimientos fritos y todo cubierto por una montaña de patatas fritas. Este termina delante de mi. Y esta ambiciosa empresa ocurre un poco antes de las dos de la mañana.

“¿No gusta?”. La mirada inquisidora de la china había detectado mi gesto de preocupación. Así, sin protector estomacal de ninguna clase, era evidente para mí que la cosa no era de gustos. Era de salud.

Me acordé de una frase de los antiguos: “el comer y el cantar, todo es empezar”. Bueno he omitido otra cosa más de ese chascarrillo. Pero tal como dice Guy Kawasaki en su libro, “El arte de encantar”, si un taco es gratuito, mejor no decirlo.

Unas dos horas después y con cierta dificultad, pese a los cinco tubos de cerveza con el que había conseguido dejar solo los huesos de las chuletas, y el pacharán para intentar metabolizar mejor aquel acto de barbarie cometido contra mi estómago, me levanté de la mesa y, tras agradecer a Liu y a la china esta experiencia de intercambio de hospitalidad por tarea, abandoné el bar.

Algo más de las cuatro de la mañana y sensación de post-comida de navidad no casaban con eso de irse a dormir. Total, que a pasear en la confianza de no ser noticia en la presa de la mañana: “atacado y robado un vecino en …..”.

En mi paseo, repasando la experiencia vivida, he echado en falta algo. Me ha faltado el oír el uso de mi lengua. Del castellano. O sea, que hubiera preferido estar en el bar de un argentino que en el de un chino.

Esos que antes estaban por todas partes y ahora casi no los ves. Esos que te daban los buenos días y parecía que te estaban recitando a Neruda. Que convierten cualquier momento de comunicación en toda una suerte de recursos lingüísticos, en los que los circunloquios te asaltan a traición, llegando a no saber si hablan del tiempo o de filosofía.

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Y que en lugar de plato de los montes, te ponen un plato con una parrillada que nada tiene que envidiar a ningún otro plato.

La cultura y el “idioma” son la base del entendimiento.

No me imagino a Federico Luppi chateando. Bueno. A lo mejor sí. Pero debe ser un martirio para esta gente tuitear. Meter todo en ciento cuarenta caracteres. Se me antoja un castigo para ellos.Pero si le pones unos chatos de vino por delante, seguro que no tendría ningún problema.

Ponle unos chatos a un chino y mira la cara que te pone. El “idioma” no son solo palabras encadenadas. Eso puede ser semántica. Pero un plato de los montes, unos chatos de vino con un argentino producen una comunicación mucho más fluida que un cuenco de fideos y un chino.

Hecho en falta esa riqueza de opinión con la que te encontrabas si el que te servía el desayuno en el bar era sudaca, o centraca. Todos parecían tener un nivel de conciencia superior a la que las circunstancias requerían..

Y no nos fiábamos de ellos. Pero eran de fiar. Son de fiar, aunque tiene que haber de todo. Y acuñamos esos términos, sudaca, centraca. Pero son de fiar. Se meten entre pecho y espalda nuestro plato de los montes sin más.

Mucho más de fiar que estos de ahora. Estos que apuñalan el lenguaje y que son los nuevos inmigrantes. Inmigrantes colonizadores. Que son capaces de “contratarte” para hacer un inventario una noche antes de un festivo y pagar con un plato de comida. Toma flexibilidad laboral. Y ellos con su cuenco de fideos como “idioma”

Aunque he de reconocer que no tenía nada que envidiar el plato que me he zampado con cualquier plato de la mejor venta de carretera. Y eso a las dos de la mañana. Eso nosotros no lo hacemos. Como mucho, a las dos de la mañana algún bocata de tortilla sobrante del día.

Nosotros consideramos, gracias a nuestro “idioma”, una “incidencia” que personas que han ocupado lugares de cierta relevancia social ahora tengan tesituras complejas a nivel judicial.

Un sudaca diría una genial frase ocurrente para describir esa situación y la enlazaría con cualquier comentario filosófico semántico ocurrente. Un chino, te mira, pone cara de poker y sigue con su inventario. Cuestiones del “idioma”.

 

 

 

 

 

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