Paco Ayala

Lo que se ve y se hace durante el camino

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Negocio Inmobiliario 2.0

Un magnífico paseo marítimo, lleno de palmeras y toda clase de plantas de esas que resisten la cercanía de las olas y que antes no estaban.

Playa de la Misericordia

Chimenea Paseo Marítimo Málaga

Unas inmensas chimeneas que chivatean la existencia de una industria, hoy ya inexistente, compiten en altura con los edificios que están sobre lo que fue una industria metalúrgica. En concreto, la que se llamaba “fábrica del plomo”.

Los lugareños acortaban y simplemente iban al “plomo” o trabajaban en el “plomo”.

Carril de bicicletas, que en cualquier ciudad moderna no puede faltar.  Y al fondo, pero muy al fondo, ya en el puerto, una pila de contenedores.

Ayer, o hace más o menos 50 años, el mismo lugar, sin paseo marítimo. Chabolas, gitanos, poste de luz con múltiples cables que enganchan desde las chabolas; charcos de esos de los que no pisarías por precaución, aunque llevaras botas por encima de la rodilla.

Donde no hay charcos, arena, polvo y sequedad en la boca. Un sitio de esos de los de no ir ni a dar un recado.

Poblado

Chabolas del sur

Grupitos de gitanillos con esa mirada inteligente, llena de desdén pero impropia de la edad, pero necesaria para subsistir en ese entorno tan hostil para los ojos de un visitante esporádico, pero hábitat natural para ellos.

Antes de ayer, o hace más o menos 100 años, mismo lugar. Naves y naves de  fundiciones y herrerías. Sí te retiras un poco, ves bastantes chimeneas.

Sí te acercas, un bullicio permanente con múltiples golpes sincopados producidos por martillos sobre  yunques. Y gente cantando a este ritmo. Cuando vinieron estas gentes de Jerez a trabajar, cantaban tonás. Ahora ya no es el mismo palo flamenco.

En la fundición de El Martillo se canta ya de otra manera. Ahora lo llaman martinete.

Y muy cerca de allí en dirección al centro, “El Mercado de Huelin“. Aunque entonces, era más bien un solar. No como el “Mercado de Atarazanas” o el “Mercado de Salamanca”, que si ersn ya edificios emblemáticos. Entonces, en el “Mercado de Huelin” había pocas mesas y mucho toldo en el suelo. Pero estaba junto al “plomo” y al “martillo”.  Entonces Málaga era la segunda ciudad industrial de España, solo por detrás de Barcelona.

Mercados Municipales, Málaga

Mercado de Salamanca, Málaga

Las fundiciones llevaban aparejado el trasporte. Y esto propicio que florecieran importantes firmas de transporte marítimo.

Gracias a estas fortunas generadas por la industria y el transporte, se acometieron obras: primero fueron las restauraciones de patrimonio, como la enésima reanudación de las obras de la “Catedral de Málaga” y la restauración de la Alcazaba”. La primera es una obra empezada en el siglo XVI aun hoy continua inacabada.

Al hilo de esto de las restauraciones, se inicia una expansión de edificaciones de viviendas generada al principio por la demanda que nuevos residentes generada tanto por  la necesidad de  mano de obra de las fundiciones como de los muchos barcos que entraban por el puerto

Y esto de la construcción termina siendo la actividad troncal de la economía malagueña. Pero esto pasó en aquella época, pongamos principios del siglo XIX.

Pasaron años complicados, De reyes a presidentes. De monarquía a república y de republica a dictadura y otra vez a república y otra vez a dictadura.

Y el resultado de esos años fue la desaparición de la industria en “Málaga”. Y el puerto se quedó. Porque eso de quitar un puerto de un sitio parece un empresa dificilísima.

Y donde antes había fundiciones, solo quedo una zona marginal. Se malvivía en chabolas y se tiraba un cable al poste de luz más cercano. Alguna que otra vez algún operario iba con el encargo de realizar los cortes de cables a estos postes. Lo dejaban subir. Pero bajar del poste era otra cosa.

Si el operario era nuevo, subía, cortaba, oía lo que le decían desde abajo, empalmaba, se bajaba y se iba entre aplausos. Si el operario era “perro viejo” no llegaba a subir. Saludaba a los que él suponía el presidente de la comunidad de vecinos (aunque entre ellos, era “el  pápa” la máma” o cualquier otra forma de dirigirse con respeto a a los que mandaban en el barrio)

Estos terminaron pagando esa desaparición de la construcción como eje económico de la ciudad. Ubicados justo en las ya desaparecidas “playas del perro” o en otros asentamientos similares, sufrieron la primera crisis del sector inmobiliario sin saberlo.

Pero como eso de tropezar en la misma piedra se nos da muy bien, aprovechamos el nacimiento y desarrollo del incipiente sector del turismo para volver a meternos de lleno otra vez en eso de los ladrillos.

Y coexistieron los asentamientos marginales con la construcción de grandes superficies comerciales, hoteles a punta pala y residencias de lujo en una línea costera de 100 Km.

Todo iba tan bien que hasta se empezaron a construir barrios periféricos para aquellos desheredados de los barrios marginales.

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Barriada Palma Palmilla En Málaga

Eso sí: primero barracones de metal y luego viviendas de entre 45 a 60 metros cuadrados, que una cosa es que la gente viva bajo techo y otra muy distinta que vivan con lujo.

Pero el sistema se constipo. Se constipó porque dejó de ser importante la industria del turismo y volvió a ser la construcción el eje troncal de la economía. Se dejó de cuidar y mimar lo que importaba, el turismo,  buscando la inmediatez del beneficio, el ladrillo.

Y vuelta a empezar: de dictadura a monarquía constitucional y a vender todo lo que se pueda para para apalancar todo lo posible.

Y en Málaga, los mercados municipales, como el “Mercado de Huelin” o el “Mercado de Salamanca”  comienzan su declive.

Y tras unos años de cierta normalidad de vivir siendo pobres, nos dicen que vamos a ser europeos.

Y en ese trasiego volvemos a encaminar nuestros pasos hacia nuestra piedra. Esta vez sin pasar por ningún sector económico previo, nos vamos al ladrillo.

Aparecen los comercios chinos. Mas presión para todos los comercios minoristas. Pero no importa. Nos estamos haciendo ricos gracias a los ladrillos.

Y durante unos cuantos años poner un ladrillo encima de otro era doblar el precio del primer ladrillo.

Mientras tanto, los mercados municipales alojan ya solo a unos pocos comerciantes que a base de madrugones y apreturas subsisten compitiendo con grandes superficies, comercios de chinos, cadenas más o menos atractivas de franquicias y tenderetes de mercadillos.

Para bien o para mal, las cosas que van pasando son responsabilidad de los actores de cada momento. Y si los actores tienen mucho empuje pero carecen de las capacidades adecuadas, los resultados son los que son.

En aquella zona donde en otro tiempo estuvieron asentadas las fábricas metalúrgicas, y posteriormente unos chabolistas, ahora se elevan unos cuantos edificios, en primera línea de playa, con características de viviendas de lujo. Solo permanecen las chimeneas como recuerdo de otra época.

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Playa de la Misericordia en Málaga

Nadie se acuerda de que eso era una zona industrial. Menos aun de que eran fundiciones. Y todavía menos de que se fundiera plomo.

Ya deberíamos incorporar al conocimiento compartido esta sabiduría. La construcción debe tener un peso en nuestra actividad económica. Pero deberíamos saber ya que no podemos anclarnos a esta actividad como motor económico. En algún momento aparecerán gestores que validen el ladrillo como modelo de negocio. Hay casos de éxito. Pero es un sector que cuando entra en crisis hace que las consecuencias las paguemos todos, los causantes como los no causantes.

Ahora aparecen las “proptech”. A ver que tal va esta vuelta de tuerca.

Mercados Municipales 2.0

Empacho de imágenes que parecen sacadas de alguna película de esas de relleno que alguna que otra vez acompañan una de esas tardes de domingo aburridas.

De esas en las que ese misterioso pueblo que habita gran parte de Norte América, y que se pusieron de acuerdo bajo una bandera una cantidad increíble de creencias, culturas y anhelos.

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Que lo mismo ajustician a un culpable en una esquina, que en la otra convierten legal el consumo de mariguana.

De esas en las que en un escenario hay un montón de gente felicitándose por algo ante muchísima más gente que aplaude y grita enfervorizada.

Y eso que los del escenario parece que son familia y que se van a ver dentro de un rato lavándose los dientes para irse juntos a la cama (creo que de dos en dos, aunque vete tu a saber).

Empacho de imágenes que no son de una película. Son noticias. Y por el tratamiento, parece que aunque no vivamos en ese lugar, nos va algo en lo que ocurre allí.

Pero por más vueltas que le doy, no descubro que eso tan importante que hace que sea importante aquí.

Para hacerme a la idea, como tenía que hacer una visita de presentación comercial, he empezado por mentalmente cambiar el nombre de la zona a la que iba: “Uelintaun“.

Realmente es “la barriada de Huelin”, que es lo que es en Málaga: una barriada.

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Málaga este

Pero yo estaba por la labor de meterme en mi papel de afectado de alguna manera por lo acontecido allende los mares.

A los diez minutos, una vez localizada la dirección de mi entrevista, la supuesta magia que debía de haberme trasmitido un hecho tan noticiable como el que un negro pijo ya no sea el líder del mundo libre otros cuatro años más, había desaparecido.

Dicho esto con mi evidente falta de respeto tanto por el tema racial, como por el cultural y, a lo mejor, por las relaciones internacionales en las que yo nunca me he visto inmerso.

Falta de respeto a causa de mis inexistentes prejuicios ante las llamadas identidades raciales, culturales y geográficas.

Falta de respeto porque ese líder saliente, con poca luz, es más blanco que algunos payos que yo conozco.

Y por supuesto, falta de respeto porque el nuevo líder del mundo libre parece más un personaje de esos que salen en las películas ambientadas en Las Vegas que un defensor de las libertades.

El Mercado Municipal de Huelin, que es uno de los Mercados Municipales de Málaga, sigue tan de capa caída como hace una semana.

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Mercado de Salamanca, en Málaga.

Los supermercados de la zona, que creo que no falta ninguno, están todos los que existen y además, concentrados en poco más de dos manzanas, lo han ido fagocitando hasta dejarlo valido solo para fotografiar el recuerdo de lo que fue.

La ruta elegida me aconseja pasar por los negocios de mis nuevos conocidos/clientes chinos.

Uno se afana en poner café y mollete con aceite o pitufo con mantequilla, detrás de la barra.

Dos puertas adelante otro te saluda desde dentro de su peluquería unisex y te recuerda que te toca un repaso la semana que viene.

Cruzo la calle y el de la zapatería, ejemplo de chino especializado, apila cajas de zapatos para configurar un expositor en el escaparate más que decente. Si no lo ves a él, no crees que es un negocio de un chino.

Antes de entrar en el almacén de congelados en el que tengo la visita, intento recuperar ese espíritu de “Uelintaun” yankie. Pero se vuelve a disipar en el acto cuando penetro en el establecimiento.

El dueño, otro chino, me mira, sonríe (o a mí me lo parece) y me dice:

“Hola. Tu de la asesoría, no? Tenemos veinte minutos. Yo quiere vender más. Tu decir como. Tu pregunta”.

Ya me he acostumbrado a lo económicos que son para todo. Y más para eso de la comunicación verbal.

Y mientras tanto, ese señor rubio con pinta de juerguista de las vegas va a ser el líder de mundo libre durante un tiempo.

Seguro que nos afectará.

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Trasera del Mercado de Atarazanas en Málaga

Pero después de lo que ha llovido, después de los estallidos de las  burbujas, crisis financiera, crisis inmobiliaria, cambios reguladores del mercado laboral, ajustes/ recortes en todo tipo de servicios públicos, conocimiento de un familiar nuevo y chungo (la prima riesgo).

Después de la importación masiva de productos chinos comercios chinos y chinos, con el consiguiente deterioro de nuestro mercado al detalle autóctono.

Ahora nos deberían parecer problemas menores que una fábrica instalada en un país, se cambie de localización y se valla a otro país.

Al fin y al cabo, no estaba aquí y parece que no se viene aquí.

Y de momento, parece que lo que hay aquí no se va a ir a otro sitio.

Tampoco deberíamos preocuparnos por temas fronterizos a un montón de kilómetros de aquí.

Nosotros ya tenemos nuestros propios problemas fronterizos muy cerquita. Y de momento parece que no sabemos como arreglarlo. Y eso que no nos hace falta construir un muro. Ya tenemos una frontera natural: el mar.

Yo, mientras tanto, con mi nuevo cliente, en 20 minutos, a convencerle de que puedo conseguir que venda más congelados en el barrio. En “Uelintaun”  en el barrio de Huelin, en Málaga.

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